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¿Comemos como debemos?

¿Comemos como debemos?

Todas sabemos de la importancia que tiene incluir los carbohidratos en nuestra dieta.

Son la base de nuestra pirámide alimenticia, la "gasolina"que nuestro cuerpo necesita para ponerse en acción y la primera fuente de energía para hacer funcionar nuestra máquina.

Los hidratos de carbono, también conocidos como glúcidos o azúcares tienen como función principal aportar al organismo la energía necesaria para sus tareas físicas diarias.

En países Occidentales, la ingesta de estos alimentos ha disminuido a favor de dietas más ricas en lípidos y proteínas, de modo que actualemente constituyen aproximadamente el 40% de la ingesta calórica diaria (debiendo representar, al menos un 45-60% de nuestras calorías diarias).

Sin embargo, en países menos desarrollados la ingesta de glúcidos se llega a elevar hasta un 70% de la ingesta calórica total.

Pero  no todos los hidratos de carbono son iguales. Seguimos asociándolos mayoritariamente a los cereales, pasta y arroz, y no con las frutas y las verduras, que también forman parte de este listado. Por tanto, nuestro primer esfuerzo debería ser ampliar el concepto que tenemos de los carbohidratos a algo más que la barra de pan para el bocadillo y empezar a considerar en la lista a cualquier producto que sale de la tierra.

¿Son igual de saludables todos los glúcidos?

La respuesta es no, ya que depende de su carga glucémica, es decir, la cantidad de azúcares que aportará a nuestro organismo.

Hay hidratos de carbono que aumentan más los nieveles de glucosa al ingerirlos que otros hidratos, por lo que podríamos clasificarlos en carbohidatros de alto, moderado o bajo índice glucémico, y por supuesto, aquellos que nos deberían de preocupar son estos últimos.

Cuando en nuestra dieta incorporamos continuamente carbohidratos de alto índice glucémico se va a ver aumentado los niveles de glucosa en sangre, y nuestro páncreas comenzará a secretar insulina para normalizar los nieveles, ya que tener mucha glucosa dando vueltas por nuestra sangre no es muy buena idea, y si mantenemos estos niveles de azúcares altos durante un buen periodo de tiempo podremos acabar sufriendo diabetes de tipo II.

Pero si por el contrario, incorporamos a nuestra dieta carbohidratos de moderado o bajo índice glucémico la mayoría de ellos acabará en nuestros músculos y no en nuestros michelines.

¿Cómo afecta su consumo en el embarazo?

Como hemos explicado anteriormente, los glúcidos son la principial fuente de energía para nuestro organismo, ¡y durante el embarazo debemos tener energía para dos!

Cuando una madre no toma los suficientes hidratos de carbono, su organismo obtendrá glucosa a partir de las reservas de proteína y de grasa. Esto significa, que las proteínas y las grasas no serán capaces de realizar sus propias funciones, que son por ejemplo las de crear tejidos.

Al no tomar los suficientes hidratos de carbono podrás notar un malestar general, desde cansancio y mareo hasta sudores. Por todo ello, se recomienda el consumo de hidratos de carbono de absorción lenta e hidratos de carbono simples naturales, es decir, los que se encuentran en la fruta y la verdura, limitando todo lo posible los hidratos de carbono considerados como azúcares añadidos (azúcar blanco, los dulces, etc).

Tener una buena alimentación durante el embarazo es fundamental para garantizar tanto la salud del bebé como la tuya propia.

¿Qué hidratos de carbono debemos consumir?

Que contenga un bajo índice glucémico es, por supuesto, uno de los requisitos a cumplir, pero también se suman otros aspectos a tener en cuenta;

El grano debe ser integral y los cereales deberán tener un alto contenido en fibra.

Como hemos comentado al principio, los glúcidos deberían representar al menos un 45-60% de nuestras calorías diarias, y sin embargo lo estamos haciendo al revés. Comemos menos de los hidratos que necesitamos y encima, escogiendo los peores.

Se ha observado que aquellas personas que consumían dos o más veces al día pan blanco tenían un 40% más de riesgo de padecer sobrepeso/obesidad que aquellos que no lo consumían, teniendo en cuenta otros factores como el sedentarimo, tabaco etc.

El problema no está en la cantidad de pan que comemos, sino que el pan que comemos contiene muchos azúcares y no es integral.

El consumo de cereales de grano entero en nuestro país es todavía muy limitado y la mayoría de pastas, panes y harinas que consumimos son refinados.

Por otra parte, se ha comprobado que el consumo de cereales integrales de calidad está asociado a un menor riesgo de mortalidad y diabetes tipo II, enfermedades cardiovasculares y cáncer colorrectal, entre otros.

Complementamos la lista para que no haya dudas: frutas, verduras, legumbres, cereales y frutos secos al natural.

Un último factor a tener en cuenta es el modo de cocinado. Por ejemplo, cuanto más hecha esté la pasta más ídice glucémico tiene.

Y ahora que sabemos esto... ¡Es hora de ponernos al día!